Alimentos transgénicos: la controversia

Mulet calificó de "mito" a la comida natural. Foto: Aníbal Greco. lanacion.com.ar

Discutible presentación en la Feria del Libro y en la Bolsa de Cereales de un académico español acerca de la inocuidad de los alimentos transgénicos y la falsedad de otros mitos.

Según el artículo “Afirman que los alimentos son cada vez más seguros” de Fernando Bertello aparecido en el diario La Nación del martes 5 del corriente, el español José Mulet, profesor de biotecnología de la Universidad Politécnica de Valencia, y autor del libro “Comer sin miedo” a presentarse ese día en la Feria del Libro, opina que la prevención acerca de los alimentos transgénicos y los herbicidas como el glifosato es solo un mito.

Mulet calificó de "mito" a la comida natural. Foto: Aníbal Greco. lanacion.com.ar
Mulet calificó de “mito” a la comida natural. Foto: Aníbal Greco. lanacion.com.ar

La transgenia es un maravilloso avance de la ciencia, pero por el momento no podemos decir más que eso: que es un avance de la ciencia que, como todos ellos, sus virtudes y defectos para la humanidad dependen de los fines para los que se empleen. La desintegración del átomo también es un maravilloso hallazgo de la ciencia; sin embargo no puede decirse que sea ni bueno ni malo, dados los contradictorios usos que se le han estado dando. Ocurre lo propio con la transgenia: aseverar que sus defectos, probados o no, son un mito, y tratar de ignorarlos es bastante arriesgado.

Comencemos por decir que no se ha probado con rigor científico ni que la transgenia sea perjudicial ni que sea inocua. Los postulados científicos requieren una solidez estadística que en el caso de los alimentos transgénicos depende del criterio de quien lo defienda o lo denoste. Hoy todavía se dice que “los alimentos transgénicos son esencialmente idénticos a los convencionales”. Si ellos fueran idénticos, cuál es la razón para incluir el término “esencialmente” en ese postulado, término que depende en primer lugar del nivel estadístico de la comparación. En segundo lugar depende de los datos observados en la comparación, y en materia de genética, se sabe que la característica observada puede variar a lo largo de sucesivas generaciones.

Afirma el artículo que los transgénicos representan un avance más en la alimentación desde el neolítico y la domesticación de las plantas y los animales por parte del hombre, que “son un paso más y nos permiten hacer de forma más eficiente lo que estábamos haciendo”. Digamos que más eficiente quizás, pero si toda la ventaja es una mayor eficiencia, nos quedamos cortos. Una superproducción de alimentos puede ser muy eficiente, pero hay otros factores a considerar no solo la eficiencia, un término esencialmente económico. Están, por ejemplo, la calidad nutricia y sanitaria del alimento y la posibilidad de continuar manteniendo indefinidamente esa eficiencia y esa calidad. Es decir, la sustentabilidad, un término bastante ignorado por los eficientistas. Y esto nos lleva a la descalificación que hace Mulet de los ecologistas respecto de los transgénicos.

Efectivamente, Mulet dice que “las campañas (ecologistas) que se basan en imputaciones que no son ciertas pierden toda mi credibilidad”. Y emprende así con la defensa de los herbicidas, en especial el glifosato. Según él, no causa ningún daño al ambiente. Pero mencionemos solo un ejemplo de lo contrario. Desde hace varios años se está luchando tanto en Argentina como en otras regiones del mundo contra un problema creciente: el desarrollo de la supermalezas que están minando los campos fértiles – y reduciendo la “eficiencia” de la producción agrícola. Las mismas especies vegetales que el herbicida controla son las que mutan naturalmente desarrollando resistencia al mismo, lo que hace que se deban buscar constantemente nuevos herbicidas que son crecientemente más tóxicos. Y tóxicos no solo para las plantas; también para los animales y el hombre. Marcelo Vega, profesor de terapéutica vegetal de la Universidad Nacional de Tucumán añade que el sistema productivo será más complejo y aumentarán los costos de producción: “Hoy el costo que sin problemas de malezas podría estar entre US$ 35 y 45 se iría a US$ 90-120”, calculó.

El problema de las supermalezas continúa expandiéndose y los resultados se agravan. (ver artículo)

Hay cuantiosa bibliografía sobre la sospechosa influencia tanto de los transgénicos como de los herbicidas, en particular el glifosato, en el aumento de casos de cáncer, enfermedades endócrinas, alergias, etc. en zonas agrícolas cercanas a centros poblados. En Argentina hay juicios en diversas cortes desde antes de agosto del 2012. Se menciona que durante las audiencias en la provincia de Córdoba, la Fiscalía expresó que hasta 2010 en el barrio Ituzaingo Anexo se constataron 169 casos de cáncer y más de 30 muertes por esa enfermedad. Tienen esas muertes alguna relación con las fumigaciones? Esto está lejos de estar claro. Pero no hay dudas de que hoy la incidencia de cáncer, diabetes, alergias, enfermedades endocrinas, y otras enfermedades anteriormente poco frecuentes aumenta en forma exponencial. Tiene esto algo que ver con el aumento exponencial del uso de agroquímicos? No lo sabemos, pero la coincidencia de los crecimientos exponenciales de ambos factores hace del abuso de agroquímicos un sospechoso importante.

En cuanto a la naturaleza intrínseca del mejoramiento genético por hibridación y el transgénico, Mulet expresa que “toda la comida que hoy tenemos a disposición procede de milenios de selección y cría”. Muy cierto, pero con una diferencia fundamental: esos procesos de selección y cría jamás involucraron la implantación de un gen de pescado en el genoma de un tomate. Ni nada por el estilo. Los genes mejoradores siempre provinieron de un mismo reino; nunca saltaron del reino animal al vegetal ni viceversa. Hace esto alguna diferencia? Tal vez sí, tal vez no. Pero la Naturaleza nunca rompió esta regla; razón suficiente para ser cautelosos. El hombre tampoco fue concebido para viajar a la luna, y hoy lo hace; razón de más para ser MUY cautelosos.

Finalmente Mulet asevera que “no hay diferencias entre un producto ecológico y otro convencional en cuanto al impacto para la salud”. El buen profesor olvida el impacto a la salud del maltrato que recibe el ambiente en aras de la “eficiencia”, y la influencia de ese maltrato sobre la salud. En esto el buen profesor adhiere a la hoy generalizada campaña mediática en contra de los alimentos ecológicos promovida por las poderosas corporaciones productoras de agroquímicos, cuyo negocio es, precisamente, vender los agroquímicos que producen. La principal virtud de un alimento ecológico no es que sea más sabroso o más nutritivo. Su principal virtud es que se producen con un alto respeto por el ambiente, yendo en el mismo sentido que la Naturaleza, no en contra de ella. Y en cuanto a la aseveración de Mulet sobre que no es verdad que en la producción ecológica no se usan pesticidas y fertilizantes, es una típica aseveración engañosa ya que en ese método de produción lo que no se usan son ni herbicidas ni pesticidas sintéticos producidos a partir de métodos químicos con toda la secuela de desequilibrios ambientales que ellos causan en su producción y en su uso. Es realmente poco edificante que un académico eche mano de este ardid para confundir a un público desprevenido. Un científico debe ir más allá del floreo público ante audiencias no suficientemente ilustradas en el tema que él desarrolla desde un podio.

Se comprende que un experto en biotecnología intente promover las maravillas de la transgenia, que ciertamente lo son, y defender a los alimentos transgénicos como seguros. Y se comprende que en su presentación del día anterior en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la empresa Maizar, entidad que agrupa la cadena del sorgo y del maíz, haya sido su anfitrión. La tendencia de la agricultura moderna es producir en forma “eficiente” con los métodos más baratos – aunque a veces lo sean menos de lo que parecen, sobre todo al irse viendo obligados a usar cócteles herbicidas cada vez más caros. Lo que sí es cierto es que es menos trabajoso cultivar una soja transgénica con un glifosato que tener que arrancar los yuyos a mano, o pasando una máquina. Hoy es así, mañana veremos…

Finalmente quien esto escribe por ahora quiere mantener su posición independiente respecto del perjuicio o inocuidad de los transgénicos. Pero en cuanto a la remanida necesidad de los transgénicos para satisfacer el hambre en el mundo no lo aceptaré. No, por lo menos, hasta que las corporaciones que los producen hagan de dominio público gratuito sus patentes y sus semillas.

Sobre Jorge Casale 211 Artículos

Ingeniero Químico, Univ. de Buenos Aires

M.S. en Tecnología de Alimentos, Univ. de Georgia, EEUU

Miembro del Comité de Normas, IFOAM (Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica)

Miembro Fundador MAPO (Movimiento Argentino para la Producción Orgánica)

Editor del blog sobre producción orgánica y sustentabilidad: www.allorganics21.blogspot.com

Ex-Director Técnico CITIL (Centro de Investigaciones de Tecnología Láctea) y Ex. Coordinador Centros de Investigación, INTI, Argentina

Primer productor y exportador argentino de prendas para bebe en algodón orgánico.

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