El desastre ambiental de Canadá, diez días después

Imagen: radiocoremarca.com

El 4 de agosto se colapsaba el dique de colas de la mina Mount Polley, situada en la provincia de Columbia Británica (CB). Como consecuencia de este hecho, se vertieron 4,5 millones de metros cúbicos de relaves y 10 millones de metros cúbicos de agua que afectaron a numerosos cursos de agua y bosques vírgenes. La gravedad de lo ocurrido obligó a las autoridades locales a declarar en el Distrito Regional de Cariboo el estado de excepción, prohibiendo el uso tanto consuntivo como recreativo del agua en toda el área afectada.

Imagen: radiocoremarca.com
Imagen: radiocoremarca.com

Durante toda la semana pasada, se sucedieron las actuaciones en todo el Distrito. Bill Bennet, ministro de Energía y Minas de Columbia Británica, comunicaba en rueda de prensa el miércoles 6 que se iniciaría una investigación para determinar las causas de lo ocurrido. También exigía a la empresa Imperial Metals Corp., responsable de la mina, a llevar a cabo medidas con carácter inmediato para paliar este desastre: “Si la empresa ha cometido algunos errores… van a tener que asumir la responsabilidad”- decía Bennet.

Científicos y expertos en este campo no han dejado de dar la voz de alarma. El vertido ha afectado a numerosos cursos de agua y a una vasta extensión de bosque virgen. Pese a que los primeros resultados de los análisis químicos realizados, en los que se buscaba principalmente arsénico, mercurio y azufre, no han sido tan devastadores como se esperaba, preocupa el efecto acumulativo que puedan tener los contaminantes sobre el medio ambiente. La preocupación se ha extendido también a los pescadores, que temen los posibles daños en la zona de desove del salmón.

Desde que aconteció la catástrofe, los medios de comunicación han destapado que la mina no estaba, al parecer, tan bien gestionada- desde el punto de vista ambiental- como se creía. Ya desde 2009, año en que la compañía presentó una enmienda para descargar más aguas residuales, se detectó que los niveles de los estanques estaban demasiado altos, y así lo reconoce Brian Olding, el consultor que llevó a cabo la evaluación ambiental para la empresa. En el año 2012 se le concedió permiso de una enmienda para descargar 1, 4 millones de metros cúbicos de aguas residuales, y el mismo Olding dijo en una entrevista para The Canadian Press que no se hizo en ningún momento un análisis de la integridad estructural de la presa. Desde este año, se han realizado 14 inspecciones y 5 advertencias en las que se decía de que el nivel del agua en las balsas de aguas residuales superaba los niveles autorizados y la concentración de contaminantes.

Diez días después, ya han surgido las críticas en prensa del primer informe del Gobierno, calificado por la prensa de “cautelosamente optimista”. Se sospecha que la intención de posicionar a Canadá como uno de los mayores exportadores de recursos naturales del mundo, unido a unas donaciones de Imperial Metals Corp. al Partido Liberal de Columbia Británica puedan influir en las conclusiones de los informes, además de que, estas donaciones hubiesen podido influir, en cierto modo, en las acciones que deberían haber tomado los funcionarios en la mina ante las irregularidades que presentaba antes de que ocurriese el desastre.

Fuente: The Guardian

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*