Glifosato y autismo: la eterna discrepancia

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Los medios científicos y técnicos están plagados de la eterna discrepancia entres quienes condenan al glifosato y los transgénicos por las grandes tragedias actuales en la salud y quienes los defienden. Por una parte los efectos detectados como supuestamente producidos por esas tecnologías no se conocen lo suficiente como para condenarlas ligeramente. Pero por la otra entre quienes las defienden están las transnacionales que los producen y agencias oficiales y científicos quizás influenciados por esas corporaciones inmensamente poderosas.

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Un artículo publicado recientemente se hace eco de estas diatribas. Menciona la posición contraria al glifosato de algunos científicos calificados, el rechazo de esa posición de otros científicos también calificados, la defensa de la posición de los primeros, el contraataque de los otros, y así siguiendo hasta el infinito.

Por ejemplo, la doctora Stephanie Seneff del MIT denunció que los alimentos genéticamente modificados (OGM) han disparado el número de enfermedades crónicas, así como las alergias alimentarias y otras dolencias como la diabetes, el alzhéimer, el párkinson, la esclerosis múltiple o el síndrome de colon irritable, entre muchos otros. Los últimos trabajos de esta científica ponen su foco en el autismo, una enfermedad cada vez más frecuente y de la que, sin embargo, aún disponemos de poca información. Según la presentación que realizó el pasado mes de junio, el glifosato, componente principal del herbicida Roundup, es el principal causante de que estas enfermedades se hayan disparado de forma tan rápida, así como la intolerancia al gluten.

Pero las reacciones críticas no tardaron en llegar. La veterana periodista de nutrición Tamar Haspel en las páginas de The Huffington Post dice que es pura especulación, no refrendada por ningún dato. Por su parte, un estudio con conclusiones contrarias al glifosato publicado en la revista Entropy y realizado junto a Anthony Sampel fue calificado como “falaz” por un artículo en The Examiner, que recordaba que este no había aportado ninguna información, sino que se había limitado a revistar otros estudios previos, algunos de los cuales habían sido desacreditados con razón o sin ella.

Sea como sea, lo que es innegable es que la prevalencia del autismo ha aumentado sensiblemente durante las últimas décadas, y aún no hemos sido capaces de llegar a un consenso sobre esta terrible anomalía cerebral. Actualmente, alrededor de uno de cada 175 niños de todo el mundo nace con este trastorno, aunque varía en cada país. En Estados Unidos, la prevalencia se encuentra actualmente en un caso y medio cada cien, mientras que en 1975, tan sólo uno de cada 5.000 niños tenía autismo, según los datos publicados por K. Wintraub en un artículo publicado en Nature. Uno de los principales problemas con el autismo es que, en la mayor parte de casos, sus causas son desconocidas. No existe un consenso sobre los orígenes de la enfermedad, que se atribuyen tanto a causas genéticas como alteraciones neurológicas.

Seneff recuerda que los efectos mencionados en su trabajo son acumulativos, y que es imposible que se refleje en estudios a corto plazo, como los que se han realizado hasta el momento. Tan sólo una investigación a largo término podría demostrar dicha vinculación. Seneff aclaraba que en Sri Lanka o El Salvador, muchos trabajadores del campo morían jóvenes de problemas renales causados por el glifosato, lo que ha provocado su prohibición en dichos países. La única solución, para Seneff, es prohibir por completo la utilización del glifosato en agricultura.

Como cada vez que aparece una disputa semejante, es complicado saber quién tiene razón y quién no, y sobre todo, hasta qué punto. Ni siquiera un experto en química y nutrición podría asegurar la falsedad o verosimilitud de dichas investigaciones sin dedicarse, por su cuenta, a investigarlo, y ni aun así llegaría a una conclusión definitiva. Además, siempre quedará la sospecha de la influencia que grandes corporaciones ejercen no sólo sobre diversos científicos a nivel individual, sino también cómo esto condiciona a la comunidad científica en general. Mientras tanto, el número de autistas, probablemente, seguirá creciendo.

Fuente: Ecoportal.net; El Confidencial

Sobre Jorge Casale 211 Artículos
Ingeniero Químico, Univ. de Buenos Aires M.S. en Tecnología de Alimentos, Univ. de Georgia, EEUU Miembro del Comité de Normas, IFOAM (Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica) Miembro Fundador MAPO (Movimiento Argentino para la Producción Orgánica) Editor del blog sobre producción orgánica y sustentabilidad: www.allorganics21.blogspot.com Ex-Director Técnico CITIL (Centro de Investigaciones de Tecnología Láctea) y Ex. Coordinador Centros de Investigación, INTI, Argentina Primer productor y exportador argentino de prendas para bebe en algodón orgánico.

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