Derrota del derecho a saber

Las consultas populares sobre la obligatoriedad propuesta del rotulado de alimentos con ingredientes transgénicos dieron como resultado la derrota de esa propuesta.

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Una derrota sustancial considerando el hecho de que las grandes corporaciones invirtieron unos US$ 20 millones tratando de erradicar los esfuerzos de las bases”, dice Food & Water Watch.  Frente a los U$ 7 millones recaudados gota a gota por quienes  proponían la regulación, no cabe dudas de que si el dinero puede comprar la mente de los votantes, las corporaciones siempre tendrán las de ganar.

Sin embargo, no olvidemos que el proceso fue impecablemente democrático. Quienes votaron fueron individuos y la mayoría decidió comprar las razones (o sinrazones) que divulgaron los medios comprados con el dinero de las corporaciones (Pepsi, Coke, Kraft, General Mills, etc.).

Es más, si de democracia se trata, si solo una de cada diez del 70-90% de las personas consultadas por distintas encuestas independientes hubiera aportado US$ 1, la propuesta no hubiera sido derrotada. Pero si la razón de un pueblo depende del monto disponible para comprar conciencias y razones, es a todas luces lamentable.

Hay, pues una doble personalidad de los consumidores de Oregon y Colorado: una abrumadora mayoría dice que quiere ser informado si un producto contiene transgénicos, pero una mayoría suficiente votó para derrotar esa propuesta. Esta situación se ha dado también en otros estados, particularmente California, un estado en el que la opinión del pueblo es francamente progresista.

Lo interesante no es tanto que se apruebe o se derrote una propuesta sobre transgénicos. Estos pueden ser malos o buenos según lo que todavía está por definir la ciencia y el uso que se les dé.  Lo malo es que un pueblo como el Norteamericano que se ha caracterizado desde sus orígenes por su lucha por los derechos individuales tolere (y más que tolere, apoye) que les sea transgredido su “derecho a saber”.  Y que esta impugnación no surja de motivos racionales sino del efecto de una publicidad masiva de capitales ilimitados sobre la mente de un pueblo merecedor de mejores razones. Para quienes nos declaramos defensores de la función social del capital este es un golpe muy rudo.

Sobre Jorge Casale 211 Artículos

Ingeniero Químico, Univ. de Buenos Aires

M.S. en Tecnología de Alimentos, Univ. de Georgia, EEUU

Miembro del Comité de Normas, IFOAM (Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica)

Miembro Fundador MAPO (Movimiento Argentino para la Producción Orgánica)

Editor del blog sobre producción orgánica y sustentabilidad: www.allorganics21.blogspot.com

Ex-Director Técnico CITIL (Centro de Investigaciones de Tecnología Láctea) y Ex. Coordinador Centros de Investigación, INTI, Argentina

Primer productor y exportador argentino de prendas para bebe en algodón orgánico.

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