Nuevos acuerdos bilaterales de equivalencia: Canadá-Japón

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Continuando con la tendencia a firmar acuerdos bilaterales de equivalencia de producciones orgánicas entre países, se ha firmado un acuerdo para que, a partir del 1º de enero próximo, Canadá y Japón reconozcan mutuamente la equivalencia de sus normas orgánicas mediante mecanismos simplificados de evaluación. Así lo informa un comentario (en italiano) aparecido en el newsletter del CCOP donde se dice que ese convenio enriquecerá el grupo de acuerdos que se firman entre países en los que la producción orgánica está reconocida por leyes específicas.

Imágen: marketwire.com
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Si por una parte es plausible que los países reconozcan mutuamente sus reglamentaciones orgánicas ya que esto simplifica y promueve el comercio internacional entre ellos, es de hacer notar que el procedimiento no es el más aconsejable cuando tomamos en cuenta la miríada de países productores orgánicos del mundo y las necesidades de intercambio.

Efectivamente, un simple cálculo matemático demostrará lo engorroso del procedimiento comparado con la determinación de equivalencia de las reglamentaciones orgánicas según un procedimiento matricial de evaluación general de esas normas.

Si tuviéramos solo tres países entre los que se debieran establecer equivalencias orgánicas, esto implicaría que se necesitarán tres reconocimientos mutuos. Si fueran cuatro reglamentaciones nacionales, se necesitarán seis reconocimientos bilaterales. Si fueran seis reglamentaciones nacionales se necesitarían 12 acuerdos bilaterales. Y así siguiendo, hasta que el número de acuerdos bilaterales necesarios alcanzarían valores inmanejables. Pensemos en un centenar de países productores – que los hay, y aún más – el número de acuerdos bilaterales necesarios para un intercambio fluido entre dos cualquiera de ellos es astronómico.

Y recordemos que cada acuerdo bilateral requiere meses y meses de estudio de la reglamentación de la otra parte, discusiones, negociaciones, etc. hasta llegar a un acuerdo. Multipliquemos esto por el número de países productores e importadores y veríamos que si después de esto el comercio internacional de productos orgánicos todavía existiera sería un milagro.

Ahora tomemos en cuenta el número de diferencias significativas entre las reglamentaciones orgánicas de los países y veremos que de ninguna manera justifican semejante gasto de dinero y esfuerzo. Los apartamientos de los conceptos orgánicos de cualquier norma no son habitualmente tan grandes como para invalidar su naturaleza orgánica.

Si en cambio planteamos una matriz general donde se encuentren los conceptos verdaderamente significativos entre normas orgánicas y el grado de cumplimiento de cada una de ellas por cada norma a evaluar, llegaríamos a un mecanismo de aceptación mucho más general y más rápido de agentes de producción e intercambio de productos orgánicos.

Pero entonces nos encontramos con el sacrosanto concepto de soberanía política de los gobiernos de los principales países importadores a quienes no parece importarles la fluidez del comercio internacional y el desarrollo de la producción orgánica en el mundo, sintiéndose inventores, dueños y propietarios absolutos del más mínimo de los detalles de las normas orgánicas, obstaculizando así el comercio internacional. Esto, hasta que en alguna circunstancia se produce una demanda súbita de un determinado producto orgánico y entonces las autoridades de aplicación miran para otro lado haciendo más o menos la vista gorda por necesidad.

El sistema matricial de evaluación de normas orgánicas ya existe, desarrollado por IFOAM y por GOMA (Global Organic Market Access) con la participación y el apoyo de las Naciones Unidas. IFOAM lo usa como herramienta para la evaluación de aquellas normas orgánicas que quieren entrar a formar parte de la Familia de Estándares Orgánicos de IFOAM. Y los procedimientos del GOMA son usados por todo tipo de organizaciones privadas o gubernamentales verdaderamente interesadas en el comercio orgánico internacional.

Sería hora de que las burocracias internacionales dejaran de interferir en la productividad de aquellos que se ven sometidos a sus discrecionalidades y reconocieran que sus puestos de trabajo existen gracias a lo que producen quienes trabajan. Si adoptáramos todos esta filosofía comprenderíamos que cada acuerdo bilateral en reglamentaciones orgánicas y comercio internacional que se busca y se logra en lugar de los procedimientos generales de equivalencia es en realidad un paso atrás, un paso dado en una dirección equivocada.

Sobre Jorge Casale 211 Artículos

Ingeniero Químico, Univ. de Buenos Aires

M.S. en Tecnología de Alimentos, Univ. de Georgia, EEUU

Miembro del Comité de Normas, IFOAM (Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica)

Miembro Fundador MAPO (Movimiento Argentino para la Producción Orgánica)

Editor del blog sobre producción orgánica y sustentabilidad: www.allorganics21.blogspot.com

Ex-Director Técnico CITIL (Centro de Investigaciones de Tecnología Láctea) y Ex. Coordinador Centros de Investigación, INTI, Argentina

Primer productor y exportador argentino de prendas para bebe en algodón orgánico.

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