Propuesta de nueva regulación orgánica europea

La Comisión Europea propuso un serio cambio en su Regulación orgánica, cambio que afectaría a los proveedores internacionales de esos productos y que, asimismo, causa fuerte  posición aún en los medios orgánicos de la propia Unión Europea. Este cambio significaría un serio paso atrás en el reconocimiento de las distintas producciones orgánicas del mundo que hasta el presente funciona a través de la evaluación de la equivalencia entre las distintas regulaciones, tratando de imponer, en cambio, acuerdos bilaterales, complejo y costoso procedimiento que realmente no se justifica.

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La regulación orgánica europea ha sido desde los albores de la producción y desarrollo de ese método agrícola el modelo en el que se basaron la mayoría de los otros países productores para establecer sus propias regulaciones que aseguran la integridad orgánica en el intercambio. El comercio internacional en un principio tenía solo una dimensión centrípeta hacia los principales países de ese conglomerado. Europa marcaba el rumbo y el resto del mundo, si quería exportar sus productos a Europa, tenía que adaptar su metodología de producción y, por ende, sus regulaciones haciéndolas equivalentes a las europeas. Desde luego, la regulación inicial, la Reg EC 2092/91 fue modificándose con el paso del tiempo, hasta que recientemente la Comisión Europea consideró llegado el momento de incorporar los distintos cambios en una nueva regulación unificada.

En cuanto a la redacción de normas orgánicas, los distintos países no habiendo visto con buenos ojos el intento de aceptar normativas no desarrolladas por ellos mismos, cada uno quiso tener su propia norma y así los organismos de certificación de productos orgánicos debieron lidiar con tantas normas como destinos de exportación tenían esos productos – además, por supuesto, de la norma de su propio país. Para más, los EE.UU. adoptaron tardíamente una metodología orgánica muy diversa a lo establecido hasta ese momento que, como decimos, estaba basada en la regulación Europea. Y no solo la estructura de su regulación fue diferente, sino que a fin de asegurar su comercio orgánico con su principal comprador – Europa – ignoró los esfuerzos de lo que hasta ese momento se había venido tratando de lograr, – es decir, un mecanismo de comparación y evaluación entre regulaciones que permitiera un razonable entendimiento a través de la equivalencia entre regulaciones – y concretaron acuerdos bilaterales solo entre cada uno de ellos. Este ejemplo fue rápidamente seguido por otros pares de países, y es lo que ahora propuso generalizar la nueva norma europea.

Así, la nueva regulación propuesta significaría un cambio importante de enfoque que iría más allá de una simple reorganización. Lo que la Comisión proponía era la sustitución del concepto de equivalencia por uno de identidad (compliance) para aceptar los productos orgánicos producidos en otras partes del mundo. Esto significaría un serio paso atrás en el camino que se había estado recorriendo, ignorando totalmente todo lo elaborado durante varios años tanto por las asociaciones orgánicas privadas inclusivas como la IFOAM(1) como por el marco universal representado por organismos de las Naciones Unidas que, en conjunto con las primeras, desarrollaron procedimientos de garantía de calidad orgánica que fueron aceptadas por organismos de certificación de un número lentamente creciente de  países productores y, principalmente, exportadores.(2)

Lamentablemente, este camino racional no es aceptado por los grandes países importadores que, tomando en consideración solo la magnitud de sus mercados, imponen su hegemonía ignorando lo que pueda convenir al resto del mundo orgánico. Esos mercados hegemónicos impulsan el camino de los acuerdos bilaterales de aceptación mutua en los que la coincidencia de identidad entre sus normas, en lugar de la equivalencia, es el requisito excluyente.

Esta obligación de concretar acuerdos bilaterales entre cada dos países exportadores/importadores del mundo es un mecanismo irracional, ineficiente y costoso. Si, además, consideramos que las diferencias entre las distintas normas orgánicas del mundo son mínimas y obedecen fundamentalmente a condiciones geográficas, ecológicas y sociales propias de cada país, no hace falta mucha brillantez intelectual para darse cuenta de que el camino lógico es agrupar todos los requisitos básicos de todas las normas y volcarlos en una matriz de evaluación que solo obligue a discutir aquellos puntos en los que pueda haber divergencias.

Pero aquí es donde lo racional choca con el excesivo espíritu de nacionalismo que hace que cada organismo de aplicación nacional pretenda hacer pasar por su propio filtro a toda otra norma obligándola a cumplir un requisito de identidad, aun cuando las diferencias son mínimas y secundarias – y para más, frecuentemente inevitables – y no afectan en lo más mínimo a la equivalencia.

La nueva propuesta de la Comisión significaría la imposición de que todos los países que se encuentran en la lista de terceros países firmen sendos acuerdos bilaterales con la UE, no aceptando más equivalencias unilaterales – hecho realmente grave para Argentina que en 1992 fue uno de los primeros cinco países en formar parte de la lista de terceros países equivalentes con Europa. La nueva propuesta también aboliría la lista de certificadoras equivalentes, reemplazándola por acuerdos bilaterales de procedimientos de certificación idénticos a los de Europa. En resumen, obligación que implica la alternativa de firmar acuerdos bilaterales para unos pocos países, o demostrar identidad estricta (compliance) con la norma Europea para el resto de los países del mundo.

No podemos imaginar cómo las entidades gubernamentales europeas a cargo de establecer estos mecanismos no comprenden el engorro, el costo y el tiempo involucrado en los procedimientos que proponen, cuando están disponibles otros procedimientos mucho más racionales que minimizarían las barreras al crecimiento de la agricultura orgánica y al intercambio internacional.

Por supuesto, esta nueva propuesta Europea generó oposición de parte de IFOAM como organización mundial, así como del grupo Europeo de esa federación. Si la propuesta llegara a concretarse – cosa que ahora empieza a no parecer muy segura porque ante la generalizada oposición se estaría considerando retirarla completamente – países como la Argentina que goza equivalencia tendrían que firmar un acuerdo bilateral con la UE. Tal y como están ahora las cosas, de continuar la oposición de los mismos medios orgánicos europeos, quizás la UE opte por seguir con la regulación actual con todos sus defectos y olvidar todo el asunto.

Quienes dependemos del mercado europeo para nuestros productos orgánicos tenemos la esperanza de que la Comisión atienda los reclamos de IFOAM y quiera aceptar la alternativa que esta propuso, significativamente más racional y práctica, y que facilitaría enormemente el comercio internacional de esos productos.

(1) IFOAM EU representa a más de 160 organizaciones miembros en el EU-28, los países de UE y la EFTA. Las organizaciones miembros abarcan todo el arco de la cadena de alimentos orgánicos, desde organizaciones de productores y procesadores, minoristas, certificadoras, consultores, comercializadores e investigadores, así como grupos de defensa ambiental y consumidores.

(2) La Conferencia de las Naciones Unidas en Intercambio y Desarrollo (United Nations Conference on Trade and Development – UNCTAD) y la Organización de Alimentos y Agricultura de las Naciones Unidas (Food and Agriculture Organization – FAO) junto con IFOAM, como organismo privado madre del movimiento orgánico mundial, generaron la formación de la Fuerza Internacional de Tareas en Armonización y Equivalencia en Agricultura Orgánica  (ITF), que después de un número de reuniones de discusión generaron el documento llamado Requisitos Internacionales para Cuerpos de Certificación (IROCB). De allí surgieron otros documentos y grupos de trabajo que hicieron posible herramientas de evaluación de equivalencia entre normas y procedimientos orgánicos. Estos hicieron posible la determinación de un número de requisitos a cumplir por las normas orgánicas para que, siendoequivalentes entre sí,  puedan reconocerse mutuamente. Así se formó, por ejemplo, el grupo de normas llamado Familia de Normas Orgánicas de IFOAM.

Sobre Jorge Casale 211 Artículos
Ingeniero Químico, Univ. de Buenos Aires M.S. en Tecnología de Alimentos, Univ. de Georgia, EEUU Miembro del Comité de Normas, IFOAM (Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica) Miembro Fundador MAPO (Movimiento Argentino para la Producción Orgánica) Editor del blog sobre producción orgánica y sustentabilidad: www.allorganics21.blogspot.com Ex-Director Técnico CITIL (Centro de Investigaciones de Tecnología Láctea) y Ex. Coordinador Centros de Investigación, INTI, Argentina Primer productor y exportador argentino de prendas para bebe en algodón orgánico.

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