Responsabilidad social: el modelo industrial coreano

Imagen: SJ Yang, photographyblogger.net

No se puede menos que admirar el desarrollo alcanzado por Corea del Sur después de la guerra Norte-Sur. Hoy es una de las potencias industriales del mundo y todos nos preguntamos cómo hicieron. Hay muchas interpretaciones del milagro Coreano, entre ellas las que aparecen en el artículo siguiente que, si bien fue redactado con el Perú como destinatario directo, sus conclusiones aplican, ciertamente, no solo al Perú.

Imagen: SJ Yang, photographyblogger.net
Imagen: SJ Yang, photographyblogger.net

EL MODELO COREANO / Richard Webb
(de un artículo publicado por El Comercio, Lima, Perú, Jun. 2, 2014)

El autor comienza diciendo no cree que “el modelo de Corea del Sur sea el más recomendable para el Perú, ya que es difícil imaginarnos la disciplina social requerida”

La guerra entre Corea del Sur y Corea del Norte terminó en 1953, sin triunfador. Corea del Sur quedó destrozada, empobrecida y políticamente caótica. Pasaron diez años antes de que el Banco Mundial la considerara sujeto de crédito. No obstante, cuando finalmente levantó cabeza en los años sesenta, empezó un fabuloso despegue que la convirtió en una potencia mundial. ¿Cuál fue el modelo que hizo posible ese extraordinario resultado?

Una de las explicaciones más frecuentes del milagro coreano se refiere al alto grado de igualdad distributiva del país, igualdad que habría reducido el conflicto social y creado un importante mercado interno. Lo cierto es que el despegue económico empezó poco después de haberse producido una reforma agraria. Sin embargo, las estadísticas coreanas exageraron el impacto de la reforma sobre la desigualdad, como sucedió en esa misma época con la reforma agraria peruana.

Hoy, se reconoce que el Gobierno Coreano subestimó la desigualdad por muchos años y que la tendencia reciente ha sido más bien negativa, en particular cuando se tiene en cuenta la concentración de la riqueza en un número pequeño de grandes corporaciones, llamadas ‘chaebol’. Ciertamente, se vio poco conflicto social, pero la explicación residiría más bien en el carácter autoritario y represivo del gobierno, con fuerte limitación de las actividades sindicales. Además, durante todo ese período inicial, el desarrollo se basó en las exportaciones y no en el mercado interno.

Una segunda explicación del milagro enfatiza la adopción de una economía de mercado, pero el modelo coreano tuvo poco de la ideología del emprendedurismo como iniciativa individual, especialmente durante las primeras décadas del despegue. En esos años, la economía coreana fue más bien dirigida por un Estado paternalista, que enfatizaba la planificación y los acuerdos corporativos entre Estado y gran empresa, y que recurría a una combinación de presiones y subsidios para lograr las metas fijadas.

La prevalencia de esa filosofía fue descubierta por el economista británico Robert Wade cuando visitaba la biblioteca de una universidad de Seúl en los años ochenta. El libro más consultado no era la obra de Adam Smith, sino la del economista alemán Friedrich List, ideólogo del proteccionismo de las “industrias nacientes”. El libro de List ocupaba “estantes enteros” en las universidades coreanas, mientras que en ese mismo período solo se pudo ubicar una copia solitaria de List en la biblioteca de una famosa universidad de Estados Unidos.

La explicación más acertada del milagro coreano, creo, es la que dio Mahn-Je Kim, ex ministro de Planificación y economista destacado durante las primeras décadas del milagro. En una palabra –dijo–, el secreto coreano fue Confucio, cuya filosofía fue el sustento de una cultura de disciplina, de respeto por los mayores y por la autoridad, y de alta valoración del esfuerzo. Sin esa filosofía –agregó–, Corea del Sur no habría logrado el sacrificio requerido para el desarrollo, sin incurrir en un nivel intolerable de costo social y grado de opresión.

El autor termina ratificando: “no creo que el modelo de Corea del Sur sea el más recomendable para el Perú de hoy. Ciertamente, es difícil imaginarnos el grado de disciplina social requerido para su aplicación”.

Comentario por el Editor:

Cuando este comentarista visitó brevemente Pusan, Corea del Sur en 1966 el país se encontraba en pleno esfuerzo para el desarrollo, y ciertamente lejos de ser lo que experimentó hace dos años en ocasión del Congreso Mundial de Agricultura Orgánica en Namyangju, República de Corea.

Es admirable lo que ha logrado ese país no solo en Seoul sino también en los suburbios, en otras ciudades y en su campiña. La metodología empleada para el logro espectacular alcanzado en materia económica y social muestra que no hay un solo camino para lograr el desarrollo industrial y social y elevar las condiciones de vida de un pueblo, como bien lo describe el autor del artículo de El Comercio de Lima. El verdadero motor es el espíritu de un pueblo decidido a apuntar a miras más altas, y una gran cuota de sensatez política y social para que hoy podamos asombrarnos de que un mismo pueblo dividido por solo una frontera exhiba diferencias de nivel de vida como las que existen entre Corea del Sur y la del Norte.

Y como dice el autor del artículo, para emular a ese admirable país no importan tanto las metodologías económicas como la disciplina y los sacrificios que el pueblo quiera hacer y su paciencia para recorrer las décadas – no años – en las que la meta deseada, estando cada vez más cerca, parece encontrarse cada vez más lejos. 

Sobre Jorge Casale 211 Artículos
Ingeniero Químico, Univ. de Buenos Aires M.S. en Tecnología de Alimentos, Univ. de Georgia, EEUU Miembro del Comité de Normas, IFOAM (Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica) Miembro Fundador MAPO (Movimiento Argentino para la Producción Orgánica) Editor del blog sobre producción orgánica y sustentabilidad: www.allorganics21.blogspot.com Ex-Director Técnico CITIL (Centro de Investigaciones de Tecnología Láctea) y Ex. Coordinador Centros de Investigación, INTI, Argentina Primer productor y exportador argentino de prendas para bebe en algodón orgánico.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*